EL PROFESOR
He terminado de leer este libro, con capítulos que han
captado más mi atención que otros, algo que suele ocurrir con la mayoría
de las novelas que se leen, no obstante, para mí este no es un libro
más, ya que al ser yo docente y desempeñar mi profesión, durante un
largo periodo de tiempo, en un instituto, me he sentido cercana al autor
en muchos aspectos. Confieso que, cuando leo la inquietud que muestra
ante lo que hace en clase, cuestionándose si es o no lo correcto,
yo también me lo he cuestionado muchas veces. Cuando utiliza métodos
poco ortodoxo para captar la atención de su alumnado, llegando así a
dominar la clase y poder impartir enseñanza, también me he sentido
identificada. Luego hay otro aspecto de la obra, que al igual que en las
que le preceden me ha llamado la atención y es esa gran dosis de
humildad. Es tan humilde en su relato que no le importa confesar sus
fracasos más estrepitosos: no consigue mantenerse como profesor
universitario, no consigue sacar el doctorado en El Trinity College, no
consigue mantener su matrimonio...
Hablando con algunos miembros de
este club, me he dado cuenta que no les ha gustado esta tercera parte;
puede que no haya gustado porque se aleja del argumento anterior yo les
respeto y comparto con ellos que es más floja que las obras anteriores,
pero hay que mirarla desde otra perspectiva, es decir, que sigue siendo
autobiográfica pero no se adentra en sus problemas y vivencias
familiares, aquí se desvía de lo personal para introducirse totalmente
en su vida profesional.
El relato está bien escrito, empieza cuando
McCourt tiene 27 años, instalado en Nueva York, inicia una actividad
académica con poca formación pedagógica. Se ha de enfrentar a un entorno
tan duro como el neoyorquino que le resulta difícil. Haciendo más caso a
su intuición que a los programas académicos, e improvisando, en la
impartición de sus clases, consigue despertar el Interés de su alumnado.
Conoce sus vidas, sus problemas y sabe llegar a ellos. Se desarrolla
durante un largo periodo de tiempo, treinta años de docencia, que
atraviesa por diferentes etapas condicionadas por los diferentes centros
de Nueva York por los que va desempeñando su profesión, con un
paréntesis de dos años en Irlanda, en Dublin, alejado de la docencia
para hacer un doctorado que no es capaz de sacar. Termina con el último
día de clase antes de su jubilación.
